miércoles, 16 de diciembre de 2009

Oscuridad y Luz

Con respecto al post anterior, me preguntaron cómo "hacer ese milagro" de amar esos aspectos oscuros, si nos molestan continuamente o nos dañan. En principio, se trata de hacerles un lugar en nuestro espacio interno. Esto no es algo que comprendemos exactamente. Todos tendemos a considerar sólo ciertos aspectos como "nuestros" o "verdaderos". El resto (los que no nos gustan o no podemos ver o son demasiado buenos para ser ciertos) los negamos y los proyectamos en otros. Así, somos la mitad de lo que somos y perdemos energía en ese juego.

Cuando digo que estamos en un tiempo de integración, me refiero justamente a este proceso de traer hacia nosotros esas facetas y utilizarlas en su real dimensión: como oportunidades de aprendizaje. Si podemos aceptarlas y verlas como necesarias para el desarrollo, tomaremos esa posibilidad y encontraremos que, detrás de esa aparente oscuridad, hay mucha luz. Entonces, nos llenaremos cada vez de más luz y, por consiguiente, de amor y quietud.

Esa transformación radical surge de la aceptación, no de la crítica, la ira, la negación, el juicio, la desazón. Poco a poco, esos lugares se van diluyendo en la luz. Mientras eso sucede, le damos un lugar sin activarlos. Sabemos que están allí, pero no le damos poder. Los reconocemos en su papel de gestores de conciencia. Así, tenemos más energía para impulsarnos hacia el amor.

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